Sekai-Ichi Hatsukoi: En un mundo hermoso donde el acoso sexual no se penaliza <3

Título: Sekai-Ichi Hatsukoi aka El Mejor Primer Amor del Mundo.
Género: Shounen-ai, Romance, Comedia.
Compañía: Estudio DEEN.
Autora Original: Nakamura Shugiku.
Formato: 12 episodios, un OVA.
Sinopsis: Onodera Ritsu ha sido transferido desde la compañía editorial de su padre a Publicaciones Marukawa, en donde tiene que trabajar como editor de manga, aunque su verdadero interés sea el departamento de Literatura. Ahí, se encuentra con la persona que menos desearía encontrarse: Takano Masamune, quien, siendo el editor en jefe y con una personalidad bastante frívola, le roba un beso para demostrarle a una mangaka cómo dibujar una escena. Más todavía, Takano resulta ser Saga Masamune, un sempai de la secundaria de Ritsu de quien estaba enamorado y estuvo saliendo un tiempo –hasta que Ritsu piensa que está jugando con él al reírse de su confesión y terminan.

Destaco:
Comedia: Lamentablemente, lo mejor que ofrece la serie. Salva millones de veces los niveles de entretenimiento.
Animación: Eyecancer. No, no. Eyecancer.
Música: Genérica, poco creativa.
Yoshino Chiaki: No quiero hablar de ti. Me duele.
Onodera Ritsu: Eres mi uke tsundere y cliché favorito.

Sekai-Ichi Hatsukoi es la segunda franquicia animada de su mangaka, Nakamura Shugiku, después de Jun-jou Romantica, animé que se ha convertido en el ‘emblema’ del yaoi contemporáneo. Como su predecesor, Sekai-Ichi Hatsukoi se divide en tres romances distintos entre tres parejas distintas, unidas de alguna u otra forma por la compañía editorial Marukawa Shoten. Las tres parejas son, podría decirse, ‘trabajadas’ a lo largo del animé, una más que las otras.

Cada una de las parejas las trabajaré por separado en entradas distintas, pero, sinceramente, puedo resumirlas en esta sola frase: El romance es forzado, extravagante, cargado de acoso y asalto sexual, ukes excesivamente metidos en su rol de damiselas en peligro, pero con la diferencia de tener un poco, sólo un poco, de madurez y profesionalidad (excepto Yoshino Chiaki, por supuesto), y semes extrovertidos sin control alguno de sus hormonas; todo esto basándonos en la primicia: “aquí todo el mundo es homosexual”.

Ese es el primer error grave, y el peor de la serie: el romance. Las historias son genéricas pero hay buen control de la narración, porque hay un buen basamento en cada una, los personajes son interesantes, las situaciones podrían llevar a buenos caminos: pero el romance, el principal enfoque de la serie, apesta, cae, se deconstruye tanto que no tiene remedio. El único pilar que lo sostiene es la cursilería descontrolada, que, aunque sea, te deja un sabor dulce, algo empalagoso, en la boca.

No quisiera hablar de lo mala que es la animación, pero no me queda de otra. La animación tiene uno de los presupuestos más bajos de esta temporada, casi comparándola con la animación de [C], que se le iguala en términos de calidad. Aunque los últimos tres capítulos no son como los cincos primeros, con tanta desproporción, poca fluidez y mala elección de colores, aun así duele a la vista ver cómo las escenas se cortan y no tienen naturalidad. Le quita mucho al disfrute de la serie.

El sonido cuenta con el trabajo sin igual de los seiyuus más reconocidos de Estudio DEEN para yaois: mi amado Nakamura Yuuichi, Midorikawa Hikaru, Kamiya Hiroshi (la mejor voz del elenco, haciendo de Yuu Yanase), y con la actuación estelar de Kondo Takashi como Onodera y Okamoto Nobuhiko como Kisa Shouta, quienes tuvieron la mayor carga de diálogos, gracias a ese montón de monólogos inservibles a los que los sometieron. En materia de seiyuus, la única voz que nunca me cuadró fue la Midorikawa Hikaru, pero eso es simplemente normal porque de por sí la odio.

La música de fondo, es decir, la banda sonora, está cargada de melodías muy muy genéricas, aburridas y realmente faltas de creatividad. Funciona perfecto para cada escena a las que son sometidas, es más, la dirección del sonido fue magistral y casi nunca se sintió forzada. Aunque hace su trabajo para crear atmósferas, la música en sí no es nada recordable, y las melodías las vas perdiendo por ahí en el tiempo. El ending es el epíteto de ‘pegajoso’ y ‘cursi’, no puedes evitar, aunque la canción en sí sea tan mala, cantarla mientras se reproduce. El opening no llega a ser pegajoso, por lo que falla completamente porque, en verdad, no es nada del otro mundo.

Sekai-Ichi Hatsukoi es, nuevamente, la evidencia de la dirección que tiene el yaoi contemporáneo. La cursilería desatada, más un trago de que en este mundo no existen problemas laborales ni discriminación a los homosexuales, más un poquito del mundo perfecto completamente homo, más que en esta vida a nadie le importa ser acosado sexualmente, componen una serie que su único buen punto es la comedia, que casi nunca falla en tumbarte la risa, valiéndose del carisma que los personajes tienen siempre excepto cuando otro hombre está en su cama.

Valoración: 6/10

Acerca de catonwall

catonwall es una alien venezolana amante de la música japonesa, el anime, el manga y la lectura. Es una pequeña talibán ortográfica y tiene mucho amor que dar por ahí.

Publicado el junio 26, 2011 en Anime, Reviews de series, Sekai-Ichi Hatsukoi. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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